Monday, December 6, 2010

Alquileres a todo lujo



La opción de vivir de alquiler no termina de cuajar en la cultura española. Pero si en vez de pensar en el piso al que se podría optar por una renta media de entre 600 y 800 euros, se imagina un chalé, con jardín, piscina, sistemas de seguridad y todo tipo de detalles, puede que la opinión cambiara. Sin embargo, sólo unos pocos privilegiados pueden disfrutar del sueño de vivir de alquiler en una casa exclusiva. Eso sí, si a muchos les parece que 700 euros por un apartamento es 'tirar el dinero', estos inquilinos desembolsan mensualmente entre 6.000 y 15.000 euros. [¡Vaya Lujo! Las casa más exclusivas del mercado]



La primera pregunta que surge es qué bolsillo puede permitirse tales lujos. Los expatriados -directivos destinados a España durante varios años- resultan ser los inquilinos más comunes en estos altos vuelos. En realidad, el arrendamiento, en términos generales, "tiene una relación directa con la movilidad laboral", como aprecia Beatriz Alberte, directora del departamento de Alquileres de Gilmar, inmobiliaria dedicada al mercado de viviendas de lujo. "Pero, además, en estos casos sus circunstancias profesionales y personales no les permiten conocer con certeza el tiempo que pasarán en su puesto", explica Leticia Quintana Vega, asesora de Ambassador, también especializada en viviendas 'prime'. Si bien es cierto que la duración media de su estancia oscila entre los dos y los cinco años.


Además, estos altos ejecutivos suelen desplazarse con toda la familia, por lo que una casa, y más de tales características, encaja mejor en su situación que un hotel, que, a la larga, suele salir más caro. Aunque si hay una razón de peso, es que, simplemente, les sería imposible comprar esa misma vivienda. Gonzalo López van Dam, director de Promora, calcula que "una casa que se alquila por 6.000 euros, en compra costaría 2,5 millones". "Son más rentables para el inquilino que para el propietario", añade.


 La empresa paga
En Gilmar detectan otros perfiles: "El de los diplomáticos y los jóvenes de familias muy ricas que vienen a estudiar a los mejores centros de la capital", apunta Alberte. Todos ellos, a excepción de casos puntuales, como futbolistas o grandes fortunas que se van de alquiler mientras reforman su casa habitual, tienen un elemento en común: quien paga es la empresa, el Estado o sus padres.



 Pero en estas viviendas el lujo no se refleja únicamente en el recibo mensual. En primer lugar, destacan por su ubicación. La mayoría se encuentra en zonas de alto 'standing' como La Moraleja, Ciudalcampo o La Finca, aunque se pueden encontrar auténticos pisazos en el barrio de Salamanca o enfrente de El Retiro.


La tipología también cumple con las expectativas de estos exclusivos inquilinos. El director de Promora hace un esbozo: "600 metros cuadrados, cinco habitaciones, piscina, jardín...". Aunque son otros pequeños detalles los que marcan la diferencia: mármol brasileño en las escaleras, un suelo realizado a partir de la cubierta de una antigua fragata, o un comedor con un ventanal panorámico.


Una casa 'con carácter'
Otras exigencias son más difíciles de cumplir. Va por nacionalidades. Por ejemplo, un francés busca una casa con carácter, mientras que un holandés busca espacios abiertos y luz", sostiene López van Dam, que comenta cómo algunos elementos que en otras ocasiones ni se tendrían en cuenta, como el olor o la temperatura de las estancias, pueden ayudar al cliente a tomar una decisión.


Aunque en líneas generales, lo que piden, detalla Alberte, "es la mejor ubicación, modernidad y una buena conservación". Por este motivo, algunos propietarios como Luis, que lleva arrendando su casa en La Moraleja, de mil metros cuadrados y colindante con el campo de golf, desde 1999, invierten grandes sumas para reformarla antes de salir al mercado. "En estos arrendamientos, la inversión siempre te vuelve", afirma, y reconoce que la experiencia con estos inquilinos "es magnífica".


Como en otros mercados de lujo, la crisis no se ha notado de forma alarmante. El volumen de las operaciones ha bajado -ya no se pagan más de 10.000 o 12.000 euros-, pero se han convertido en un apoyo importantísimo para las inmobiliarias, en sustitución de las ventas. "Incluso, algunos inversores vuelven a estudiar la opción de comprar con vistas a un futuro alquiler", detecta Alberte, de Gilmar. Sin embargo, para los propietarios particulares ya no supone tan magnífico negocio como antes. "Hasta hace unos años, mientras estaba arrendada, la vivienda se iba revalorizando, pero ahora es imposible", sentencia el director de Promora



Fuente: El mundo.es

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